Levantarnos, hacer el esfuerzo vestirnos, ser gorditos, quedarnos en casa, en cama, empiernados, desayunar, seguir gorditos y decir “mañana si empezamos”
Noticas por todos lados aun estando uno cerca del otro. De eso también sobrarán en nuestro blog que nos vamos a copiar y mejorar, evidentemente.
y que,
eso.
no pienso forzar nada.
Solamente quería que escucharas esto.
Por decirlo de algún modo, diré que es extraño. Es como ir y venir en el tiempo para llegar siempre al mismo lugar, para estar. Es ir de aquí para allá sólo para pasearse el sentimiento; para llevarlo a conocer las plazas, las calles, comprarle helado y, finalmente, volver.
"Me da por pensar que nuestra relación es casi química, un hecho fuera de nosotros mismos. Una especie de dibujo que se va haciendo. Vos me fuiste a esperar, no te olvides."
Y como dijo Rubén Blades: “Si te perdiste, hermano, encuéntrate a ti mismo”
carta #4
Mierda y mil veces mierda, decía.
Y tú no parabas de reír, y yo no sabía exactamente por qué lo hacías, pero te veía reír y también reía. Al final se me olvidaba que llevábamos horas perdidos en la ciudad, que a ti te encantaba hacerte el guebón dando vueltas por las mismas calles, nada más por joder, porque sabías que me dan náuseas después de estar tanto tiempo en un carro en movimiento y que tarde o temprano te iba a sacar la madre, y entonces íbamos a reír más. Y entonces empezabas a contarme. Quiero cojerme a tal tipa. Pues aplícate, te decía. Pero sólo me la quiero cojer. Aplícate, te digo. De entre todas esas chamas que me contabas salió un día de la que sí te enamoraste y entonces, te jodiste. Nos jodimos, pues. Pocas veces nos volvimos a perder después de eso. Pero a mí me daba un poquito de gusto verte contento y, pues ya, ni modo de perderme yo solo y caminando. Nos jodimos. Las pocas veces que nos veíamos para joder me contabas que le montabas cacho, y yo te decía que eras un guebón. Sí, soy un guebón, repetías. Y yo te decía que sí, que te iban a mandar a joder un día. La verdad es que en el fondo yo deseaba que así fuera, que te mandaran bien a joder al coño de la madre para que todo volviera a ser como antes y fuéramos por cervezas y nachos. Pero no. Te agarraron, sí, pero tuviste la suerte de encontrarte a una pendeja que perdonaba que le montaste cacho en toda la cara. Y al final de cuentas esto último también me alegraba porque sabía que tú la querías, y bueno, no dejaba de pensar cómo es que yo podía quererte tanto siendo tú tan guebón.
Pero así transcurrió el tiempo hasta que pasó. También por guebón.